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ANTONI FARRÉS, UN SUEÑO EN BEGUR

El Periódico

Ladeaba ligeramente su cuerpo alargado, en un intento de adaptar su estatura a la de su interlocutor. Sus facciones enjutas resaltaban reforzadas por una nariz prominente. Con la mano derecha recorría su cara en un gesto imperceptible de concentración. Luego extendía sus brazos, de extensa gesticulación y con los dedos señalaba objetivos en el horizonte que defendía con vehemencia.

Tenía un físico fuerte y frágil a la vez, de una fragilidad quebradiza debida en buena medida a una combinación de estatura y delgadez. Algo desgarbado en el vestir, las chaquetas parecían sobresalir por los hombros más allá de los límites de su contextura. Sobrio en las formas y exuberante en la expresión, su discurso transmitía ilusión compartida por un conjunto de valores acuñados en la lucha sindical, laboral y vecinal, que puso a disposición de un proyecto de transformación de Sabadell y al servicio del municipalismo surgido de las urnas en las postrimerías de la transición, hará pronto treinta años.

Los municipios han vivido tres décadas de transformación portentosa de la mano de diversas generaciones de responsables municipales que condujeron la transformación más radical y más revolucionariamente pacífica de nuestra historia contemporánea.

Este es el contexto en el que Antoni Farrés desplegó su actividad política en su ciudad, en la Federació de Municipis, donde trabamos una sólida amistad, y en el Parlament de Catalunya.

En todos estos terrenos y en grados diversos, Farrés puso a prueba su indomable capacidad de ilusión y un escepticismo irónico labrado en algunas de las frustraciones que la realidad prodigaba. Su biografía personal y política es paradigma de los esfuerzos titánicos aplicados a la transformación de la vida ciudadana y a la definición de una agenda política cargada de elementos de cambio y modernización. En la agenda política de Farrés, como en la de tantos otros, coinciden y coexisten logros inconmensurables y algunos tropiezos. Los logros saltan a la vista y se miden por la percepción física y social del cambio propiciado en Sabadell, construyendo una nueva ciudad capaz de salir de la crisis, de buscar nuevos horizontes, de combinar pasado, presente y futuro, de respetar y valorar la tradición fabril, empresarial y obrera, de recoger la herencia bancaria y financiera de una sociedad industrial relevante, de buscar nuevos retos y horizontes en nuevos sectores productivos y de conocimiento.

Pero más que los logros prefiero referirme a todas aquellas cuestiones que quedaron en el camino, que siguen en la lista de los pendientes y que forman parte inseparable del conjunto de ilusiones que movilizaron las mejores energías del mundo municipal.

Farrés y muchos con él aspiraron a la reforma y simplificación del mapa administrativo evitando la superposición innecesaria de administraciones, quisieron reformar las bases fiscales y hacendísticas de las finanzas municipales para evitar su dependencia de ingresos variables y coyunturales, como se está demostrando dramáticamente ahora. Se propusieron otorgar a las policías municipales reformadas funciones de policía judicial, plantearon la discusión sobre el gasto supletorio y el gasto inducido, en un intento fallido por ahora de clarificar los ámbitos competenciales de las distintas administraciones. Porfiaron por definir sobre nuevas bases un urbanismo que compatibilizara el crecimiento, la creación de riqueza y la sostenibilidad. Ambicionaron un marco municipal de respeto a la autonomía local, de reconocimiento del valor democrático y democratizante de los poderes locales, de respeto y lealtad institucional, de colaboración pluripartidista. Pelearon por la transparencia y la honestidad, por el reconocimiento de los derechos de los electos locales en un intento de reconocer la exclusividad de la dedicación a las alcaldías y la incompatibilidad  con otras actividades. Buscaban la ejemplaridad cívica y la austeridad personal.

No digo que no ocurra ahora. Digo simplemente que en la absorbente dedicación de unos años de cambio trascendental nos quedó poco tiempo para la conversación relajada y las confesiones íntimas. Alguna vez, sin embargo, nos dijimos que nos convenía hablar más de emociones y sentimientos que de proyectos. Así se labran las amistades, en la solidaridad compartida.

Cuando dejó la alcaldía de Sabadell tomó distancia, incrementó su sentido crítico, agudizó sus inquietantes reflexiones y nos puso ante la evidencia de las agendas pendientes, de las cuestiones sin resolver. Amablemente, simpáticamente, cariñosamente se convirtió en la voz de la conciencia dispuesto a explorar nuevos filones de temas nuevos y a reclamar la necesaria profundización de los valores democráticos.

Hoy quizás sus cenizas se esparcen por los acantilados del cabo de Begur o en la intimidad oculta de algunas de sus calas. Aquí quiso, Antoni Farrés, sentar los pies, otear el horizonte, henchir sus maltrechos pulmones, respirar profundamente y jugar con sus nietos; rehacer el diálogo consigo mismo, forjar nuevos sueños, empaparse del azul del mar, extender sus manos a lo largo de su cuerpo, sentir muy cerca a los suyos y construir un nuevo horizonte para el futuro.

El ejemplo de vida y de vitalidad de Antoni Farrés nos interpela y nos pone a todos ante la evidencia que hay un sueño posible.

Hay una estela en el azul del mar de Begur.

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(Aquest article forma part del recull Noves vides amb nom. Girona, CCG Edicions, 2011. pàg. 30-32